La experiencia de Fabiola Peña muestra cómo una idea puede avanzar desde la investigación y el prototipado hasta la validación y el crecimiento, utilizando distintos mecanismos de financiamiento en cada etapa.
Tener una buena idea no basta para que se convierta en un proyecto que reciba financiamiento.
En este capítulo de De la Idea al Fondo conversamos con Fabiola Peña, ingeniera agrónoma, doctora en agroalimentos y medio ambiente y especialista en formulación de proyectos de innovación. Su experiencia permite recorrer distintas etapas de un proyecto: desde una idea y sus primeras pruebas hasta la investigación, validación, producción y crecimiento comercial.

Temario de hoy
🌹 Cómo una idea en torno a la rosa mosqueta se transformó en un proyecto de innovación.
🔬 Cuándo la innovación empieza a requerir investigación y desarrollo.
🧪 Cómo apoyarse en laboratorios, universidades y centros tecnológicos.
👥 Por qué un equipo multidisciplinario puede fortalecer un proyecto.
📄 La importancia de documentar evidencia y revisar las bases con tiempo.
💰 Cómo distintos fondos pueden acompañar las diferentes etapas de una innovación.
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1. Un proyecto de innovación no se arma cuando abre el fondo (35:30 – 38:48)

Uno de los principales consejos de Fabiola es simple: prepararse con tiempo.
Cuando una convocatoria abre, muchas veces faltan antecedentes, validaciones, datos o documentos que no se pueden construir bien en pocos días.
Por eso, si una empresa sabe que quiere buscar financiamiento para un proyecto de innovación, conviene comenzar antes a ordenar:
- evidencia del problema;
- resultados de pruebas anteriores;
- entrevistas o validaciones con clientes;
- información técnica;
- costos;
- antecedentes del mercado;
- capacidades del equipo.
Si no está documentado, después es mucho más difícil demostrarlo.
2. A veces innovar también exige investigar (22:56 – 25:18)
El proyecto de Fabiola comenzó con una pregunta: si la rosa mosqueta tenía propiedades conocidas y era utilizada principalmente en cosmética, ¿podía desarrollarse un aceite comestible a partir de ella?

Responder esa pregunta exigió mucho más que tener la idea.
Hubo que diseñar equipamiento, analizar distintas especies, estudiar la composición del aceite, validar características nutricionales y desarrollar una metodología que permitiera reproducir el resultado.
Ahí aparece una diferencia importante.
No toda innovación necesita investigación, pero existen proyectos donde para conseguir una solución nueva es necesario generar conocimiento que todavía no está disponible.
Cuando hay que desarrollar una metodología, probar hipótesis o resolver una incertidumbre técnica, el proyecto comienza a acercarse a la investigación y desarrollo.
3. No necesitas tener todas las capacidades dentro de tu empresa (11:49 – 17:28)
Desarrollar un proyecto de innovación no significa que todas las capacidades deban existir dentro de la empresa.
En el caso de Fabiola, parte de las pruebas y análisis necesarios para avanzar con el aceite de rosa mosqueta se realizaron en colaboración con instituciones especializadas como CETA y CGNA, además de otros laboratorios. Esto le permitió acceder a equipamiento y capacidades que no tenía disponibles por cuenta propia.
La colaboración con CGNA fue especialmente relevante cuando el proyecto necesitó avanzar hacia una mayor escala. Su equipamiento permitió procesar el aceite a una escala que las máquinas desarrolladas inicialmente no podían alcanzar y generar las condiciones necesarias para avanzar hacia la comercialización del producto.
El aprendizaje para una empresa es claro: innovar no significa necesariamente hacerlo todo solo. Si faltan capacidades técnicas, equipamiento o conocimiento especializado, el proyecto puede apoyarse en universidades, laboratorios, centros tecnológicos u otras organizaciones que ya cuenten con ellas.
La clave está en identificar qué necesita comprobar el proyecto y qué capacidades hacen falta para conseguirlo.

4. El equipo puede hacer la diferencia (25:23 – 28:24)
Aunque Fabiola lideró sus proyectos, durante el capítulo es enfática respecto de algo: los proyectos de innovación se fortalecen con equipos complementarios.
Desarrollo tecnológico, investigación, estrategia comercial, mercado y gestión del proyecto requieren capacidades diferentes.
Por eso, especialmente en proyectos más complejos, no basta con que una persona conozca muy bien la solución.
Un buen equipo debe ser capaz de demostrar que existen las capacidades necesarias para desarrollarla, validarla y llevarla al mercado.
5. Un buen proyecto también debe saber explicarse (39:00 – 40:17)
Tener una buena solución no garantiza que su valor quede claro en una postulación.
El evaluador no conoce el proyecto como lo conoce quien lo desarrolló. Por eso, la propuesta debe ser capaz de conectar de forma simple y coherente el problema, la innovación, lo que se quiere validar y los resultados que se esperan alcanzar.
Una postulación puede perder fuerza cuando estas piezas aparecen desconectadas, cuando la diferenciación no está suficientemente respaldada o cuando los objetivos no responden con claridad a lo que busca la convocatoria.
Formular bien no consiste en “adornar” un proyecto, sino en hacer evidente por qué vale la pena financiarlo.
Del proyecto al financiamiento
La experiencia de Fabiola muestra algo que muchas empresas pasan por alto: un proyecto no necesariamente debe financiar todo su desarrollo con un único fondo.
Una iniciativa puede avanzar por etapas: investigación, prototipado, validación, implementación y crecimiento. Y en cada una pueden existir instrumentos distintos que permitan financiar el siguiente desafío.
La pregunta, entonces, no es solamente “¿qué fondo está abierto?”, sino:
¿En qué etapa está hoy mi proyecto y qué necesito demostrar para poder avanzar a la siguiente?
Puedes ver la entrevista completa en YouTube o escucharla en Spotify.
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